Vivimos en una cultura consumista y acelerada, que nos lleva a querer todo ya, a buscar el producto lo más rápido y accesible posible. Esto se traslada a las relaciones. Muchas veces caemos en el error de considerar a las personas como «productos» que cumplen una función en nuestra vida, desarrollando relaciones superficiales e involucrándonos emocionalmente con personas con las que no cultivamos un vínculo.
Esto trae varios riesgos, y uno de ellos es el de caer en una dinámica de relaciones tóxicas. Acá vamos a ver consejos para no acelerarnos y cultivar relaciones sanas y duraderas, tanto de amistad como de pareja.
Las relaciones se construyen
Lo primero que tenemos que entender es que las relaciones se construyen: no podemos pretender tener una relación de un día para el otro.
Pensemos en el ejemplo de la tortuga y la liebre. Una tortuga subiendo una escalera, si bien va más lento, no se saltea ningún escalón; la liebre, sin embargo, va más rápido y a los saltos. En las relaciones puede pasar lo mismo: saltear una etapa de amistad y conocimiento, ir directo al compromiso o noviazgo sin conocer o evaluar realmente si esta persona me conviene, o si tiene la capacidad de amar de una manera saludable.
No se puede amar sin límites
Hace unos años tuve una amistad un poco conflictiva. Habíamos logrado un nivel muy bueno de relación con el chico, compartiendo buenas conversaciones y momentos. Pero me di cuenta de que algo andaba mal, pues cada vez se ponía más demandante con el tiempo. Pretendía que esté disponible para él los días que me pedía y cuando él quería. Si no cumplía sus expectativas se molestaba y se quejaba, lo que me hacía sentir culpable. El gran desafío fue comenzar a poner límites.
Los límites son fundamentales en las relaciones: no se puede amar sin límites. Son sanos, y cada uno los define dependiendo del nivel de intimidad y confianza que tenga con la amistad o la pareja. Los niveles de intimidad van a ir creciendo a medida que avanza la relación en un contexto de confianza y conocimiento, todo en base a una comunicación clara y asertiva.
El valor que ya tenés
En tercer lugar, debemos comprender el valor que tenemos por nosotros mismos. Somos creación de Dios y nos ama tal cual somos, lo que nos hace originales y únicos, y nos lleva a encarar las relaciones desde el valor propio.
Alguien que llegue a nuestras vidas va a tener que resonar con ese amor. No esperes menos de nadie. Desde la fe entendemos y caminamos con ese valor intrínseco de sabernos amados, más allá de lo que digan otros, más allá del valor que me dé otro terrícola.
Lo que elijas construir hoy
El proceso de construir relaciones sanas es un arte que lleva tiempo, pero da buenos frutos: amistades profundas y parejas duraderas que puedan terminar en matrimonios y hasta en formar una familia. Como un gran edificio, los cimientos tardan meses en construirse, pero luego logran llegar muy alto con una estructura fuerte y duradera.
La vida adulta nos hace tomar decisiones, y en medio de estas decisiones está con quiénes elijo relacionarme. Debemos escapar y evitar entrar en relación con características tóxicas, cultivando relaciones nutritivas. Todo depende de lo que elijamos construir hoy.
¿Querés hablarlo con alguien?
Si estás transitando una relación que te hace mal, o simplemente querés pensarlo en voz alta con alguien, escribinos. Del otro lado hay un estudiante, no un formulario.





