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Preguntas de fondo

¿Hay un Dios?

Seis razones para considerar la existencia de Dios, presentadas sin forzar nada: el diseño del planeta, el comienzo del universo, las leyes de la naturaleza, el ADN y Jesús.

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Marilyn Adamson

CadaEstudiante.com

7 min de lectura

Estatua de Jesús con un brazo levantado, recortada contra un cielo con nubes

¿No te gustaría que alguien te mostrase —de una manera simple— la evidencia de la existencia de Dios? Sin forzar nada ni frases como «solo tienes que creer». Acá presentaremos honestamente algunas de las razones que sostienen que Dios existe.

Pero primero consideremos esto. Cuando se refiere a la existencia de Dios, la Biblia dice que hay personas que han visto suficiente evidencia pero que han suprimido la verdad acerca de Dios. En cambio, para aquellos que quieren saber si Dios está allí, Él dice: «Me buscarán y me encontrarán, cuando me busquen de todo corazón».

Antes de ver los hechos, preguntate: ¿si Dios existe, querría conocerlo?

1. La complejidad de nuestro planeta apunta a un diseñador

La Tierra tiene el tamaño perfecto. Su tamaño y su respectiva gravedad contienen una capa delgada compuesta en mayoría de nitrógeno y oxígeno que se extiende a 80 kilómetros sobre la superficie. Si la Tierra fuese más pequeña, sería imposible que tuviese atmósfera, como es el caso de Mercurio. Si fuera más grande, su atmósfera contendría hidrógeno libre, como Júpiter.

Está a la distancia adecuada del sol. Las temperaturas varían aproximadamente desde -35 °C a 50 °C. Si la Tierra estuviese un poco más lejos del sol, todos nos congelaríamos; si estuviese un poco más cerca, nos quemaríamos. La Luna, a su vez, tiene el tamaño y la distancia perfectos: crea las mareas de tal manera que las aguas no se estanquen y, al mismo tiempo, evita que inunden los continentes.

El agua es incolora, inodora y sin sabor, y aun así ningún ser viviente puede sobrevivir sin ella. Tiene puntos de ebullición y congelamiento inusualmente altos, que nos permiten vivir en temperaturas cambiantes mientras nuestro cuerpo se mantiene a 37 °C. Es un disolvente universal, lo que permite que miles de químicos y nutrientes sean transportados por el cuerpo. Es químicamente neutra, así que no altera lo que transporta. Tiene una tensión superficial única que permite que en las plantas fluya hacia arriba, a pesar de la gravedad, hasta la copa de los árboles más altos. Y se congela de arriba hacia abajo, y flota, de manera que los peces pueden sobrevivir el invierno.

El cerebro humano procesa más de un millón de mensajes por segundo. Capta todos los colores que ves, la temperatura, la presión de tus pies sobre el piso, los sonidos, hasta la textura de tu teclado. Y evalúa la importancia de todos esos datos, filtrando lo que no la tiene: esa función de filtrado es lo que te permite enfocarte.

El ojo puede distinguir alrededor de siete millones de colores, tiene enfoque automático y maneja 1,5 millones de mensajes simultáneamente.

2. El universo tuvo un comienzo. ¿Qué lo causó?

Los científicos están convencidos de que nuestro universo comenzó con una explosión de energía y luz que hoy llamamos Big Bang. Fue el comienzo singular de todo lo que existe: el principio del universo, el inicio del espacio y también el comienzo del tiempo en sí mismo.

El universo comenzó a existir en un destello, y no podemos encontrar lo que causó que eso sucediera.

Robert Jastrow · astrofísico, agnóstico

El universo no siempre existió. Tuvo un comienzo… ¿qué lo causó? Los científicos no tienen una explicación para la repentina explosión de luz y materia.

3. El universo opera por leyes uniformes. ¿Por qué?

Gran parte de la vida puede parecer incierta, pero mirá con lo que podemos contar día a día: la gravedad sigue siendo coherente, una taza de café caliente dejada en un mostrador se enfriará, la tierra gira en las mismas 24 horas y la velocidad de la luz no cambia, ni en la Tierra ni en las galaxias lejanas.

¿Cómo es que podemos identificar leyes de la naturaleza que nunca cambian? ¿Por qué es el universo tan ordenado, tan confiable? No hay necesidad lógica para un universo que obedezca reglas, y mucho menos uno que se rija por las reglas de las matemáticas. Es fácil imaginar un universo en el que las condiciones cambien de forma impredecible de instante en instante.

Por qué la naturaleza es matemática es un misterio… El hecho de que haya reglas en absoluto es una especie de milagro.

Richard Feynman · Premio Nobel de Física

4. El ADN programa la conducta de una célula

Toda instrucción, toda enseñanza, todo entrenamiento viene con intención. Quien escribe un manual de instrucciones lo hace con un propósito.

En cada célula de nuestro cuerpo existe un código de instrucción muy detallado, igual que un programa de computadora en miniatura. Un programa se compone de unos y ceros; el código del ADN se compone de cuatro productos químicos que los científicos abrevian como A, T, G y C. Hay tres mil millones de estas letras en cada célula humana.

Así como podés programar el teléfono para que suene por razones específicas, el ADN instruye a la célula. Es un manual de instrucciones completo. Y uno tiene que preguntarse: ¿cómo terminó ese programa de información en cada célula? No son sólo productos químicos: son productos químicos que instruyen, que codifican de manera muy detallada exactamente cómo debe desarrollarse el cuerpo de una persona.

5. Sabemos que Dios existe porque nos busca

Yo fui atea en un tiempo. Y como muchos ateos, el tema de que la gente creyera en Dios me molestaba grandemente. ¿Qué hace que los ateos pasemos tanto tiempo, atención y energía refutando algo que no creemos que exista?

Cuando era atea, atribuía mis intenciones al verdadero interés por aquellas pobres y desilusionadas personas. Para ser honesta, también tenía otro motivo: mientras cuestionaba a quienes creen en Dios, estaba profundamente curiosa por ver si podían convencerme. Parte de mi búsqueda era liberarme del tema de Dios.

No me di cuenta de que la razón por la que el tema pesaba tanto en mi mente era porque Dios lo estaba apremiando. He llegado a averiguar que Dios quiere ser conocido. De hecho, el día que elegí aceptar su existencia, mi oración comenzó con «OK, vos ganás…».

No soy la única que ha experimentado esto. Malcolm Muggeridge escribió: «Tenía la noción de que, de alguna manera, además de estar buscando, yo estaba siendo buscado». Y C. S. Lewis recordaba: «…noche tras noche sentía que, cuando mi mente dejaba por un segundo mi trabajo, un continuo e inexorable acercamiento de Él, a quien yo tan intensamente deseaba no conocer. Me rendí, y admitiendo que Dios era Dios, me arrodillé y recé: quizás, esa noche, fui el converso más abatido y reacio de toda Inglaterra».

6. Jesucristo es la imagen más clara de un Dios buscándonos

Mirá a través de las principales religiones del mundo y encontrarás que Buda, Mahoma, Confucio y Moisés se autoidentifican como maestros o profetas. Ninguno de ellos jamás reivindicó ser igual a Dios. Sorprendentemente, Jesús sí lo hizo. Eso es lo que lo separa de todos los demás.

Él dijo: «Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida». A diferencia de otros maestros que hacían enfocar a la gente en sus palabras, Jesús dirigía a la gente hacia sí mismo.

¿Qué pruebas dio de su divinidad? Hizo lo que la gente no puede hacer. Sanó ciegos, paralíticos y sordos. Tuvo poder sobre los objetos: alimentó a miles. Hizo milagros en la naturaleza: caminó sobre un lago, ordenó detenerse a una fuerte tormenta para ayudar a sus amigos.

Jesucristo nos mostró a un Dios tierno, amoroso, consciente de nuestro egoísmo y nuestras limitaciones, y aun así deseando profundamente una relación íntima con nosotros. De todas las religiones conocidas por la humanidad, sólo a través de Jesús verás a un Dios acercándose hacia la humanidad.

Sin coerción

Dios no nos fuerza a creer en Él, aunque pudiera. En vez de eso nos ha provisto de suficiente evidencia para que voluntaria y gustosamente le respondamos: la distancia de la Tierra al Sol, las propiedades del agua, el cerebro humano, el ADN, y el enorme deseo de Dios de ser conocido a través de Jesucristo.

Si querés iniciar una relación con Dios

Esa es tu decisión, no hay coerción acá. Si querés, podés empezar ya mismo. Jesús dijo: «Mirá, estoy en la puerta y estoy tocando. Quien escuche mi voz y abra la puerta, yo entraré».

Si querés hacerlo pero no estás seguro de cómo ponerlo en palabras, esto puede ayudar:

Jesús, gracias por morir por mis pecados. Conocés mi vida y que necesito ser perdonado. Te pido que me perdones ya mismo y vengas a mi vida. Quiero conocerte realmente. Gracias por querer tener una relación conmigo.

¿Tenés preguntas?

Si necesitás más información sobre esto, o simplemente querés discutirlo con alguien que no te va a apurar, escribinos. Se puede preguntar todo.

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